Por Enrique Patterson.
El deceso del preso de conciencia Orlando Zapata Tamayo, luego de una dramática huelga de hambre de 81 dÃas, es un crimen premeditado del régimen castrista. La vÃctima no pedÃa más que condiciones de prisión acordes con los protocolos internacionales firmados por el gobierno de La Habana. Ninguna de las exigencias de este mártir por los derechos civiles y la libertad de expression era imposible de satisfacer y el gobierno cubano no perdÃa nada, más bien ganaba, en caso de otorgarlas.
Los que a conciencia dejaron morir a este cubano, son los mismos que –bajo la dictadura que antes combatieron– reclamaron y disfrutaron de más que aceptables condiciones de prisión, a pesar del carácter violento de sus actividades; los mismos que, al mando de la dictadura actual, dejan morir a un luchador pacÃfico que reclamaba condiciones de encarcelamiento que ni siquiera se acercaban a las que en su momento disfrutaron sus actuales verdugos. Para actuar de modo tan despiadado se precisa una gran desintegración moral, e intensas reservas de maldad y cobardÃa. Otro asunto son los motivos de semejante saña.
A partir del Maleconazo (1994), la primera protesta masiva y popular contra el régimen, donde la mayorÃa de los participantes eran negros y mestizos, la represión adoptó un carácter particular hacia los negros, algo que Fidel Castro confesó en el 2003, cuando justificó el fusilamiento expeditivo de dos cubanos negros –que intentaron robarse una embarcación para huir del paÃs– no por la dimensión y el etiquetaje jurÃdico del delito, sino por la necesidad de dar un escarmiento. Algo asà como la sicologÃa de la élite gobernante y la soldadesca de 1912 cuando decidieron cometer un genocidio contra la población negra por la sublevación de los Independientes de Color. Ahora, por idénticas motivaciones, dejan morir a un cubano del mismo grupo social. SÃ, es un mensaje a la disidencia en general, y a los negros en particular, cuyo activismo social y politico se hace cada dÃa más intenso.
Es cierto que el régimen cubano es despiadado en el trato de sus presos polÃticos, pero también es cierto que a veces escucha: según quien sea, según por quien se abogue. Pudo escuchar a personalidades polÃticas europeas y liberar –con reticencias– a alguien como el poeta Raúl Rivero, de la misma causa de este otro compatriota ahora fallecido. Pero se desentiende cuando personalidades como Abdias Nascimento y prestigiosos intelectuales afroamericanos y caribeños piden la libertad de alguien como el Dr. Darsi Ferrer, o cuando el clamor de abajo y de otras latitudes apoya los reclamos en favor de Orlando Zapata o del Dr. Oscar ElÃas Bisset, por citar otro ejemplo.
La vida de un negro siempre ha tenido para el poder cubano –para cualquier poder– un valor si acaso relativo. Está dispuesto a dejarlos morir a pesar del escándalo. Era el fin que tenÃan preparado para el Dr. Ferrer, para Guillermo Fariñas. Son balas que se ahorran por si un dÃa tienen que eliminar masas de descontentos de manera menos sofisticada. Por los mismos motivos ya es hora de que en esta lucha los negros inviertan para darle más valor a sus vidas. No es conveniente asumir la premisa del poder colonial –cuando las “piezas de ébano” eran baratas– que consideraba la vida de los negros como algo prescindible.
La Cuba de ultramar también deberÃa revisar ciertas actitudes al respecto. Tan presta está la propaganda cuando un luchador negro se sacrifica por los derechos de todos como a veces sorda, indiferente o reticente cuando se señalan las injusticias particulares de ayer y de hoy contra su grupo social. Algo que no ocurre si se trata de las razones de otros grupos, como las mujeres o los campesinos. Es que el tema de los derechos de los negros como grupo discriminado también se considera tan prescindible como la vida de los negros en tanto que individuos.
Orlando Zapata Tamayo pasa a ser un número que se adiciona a la larga lista de crÃmenes del actual régimen, pero con el detalle de que este, como los fusilamientos del 2003, es un crimen racial. Un mártir más, un votante menos, un parlamentario menos, un empresario o un lÃder sindical menos. Ese es el juego: Abdias de Nascimiento se lo advirtió al Dr. Darsi Ferrer para que suspendiera su huelga de hambre, menos mal que fue escuchado. Esperemos que las razones de Orlando Zapata pesen mañana más que las de nuestros abuelos, traicionados por la misma república que ayudaron a crear siendo la columna vertebral de las guerras por la independencia. No pudieron descansar en paz. Hagamos que mañana este mártir de hoy descanse en paz cuando se sume a todos con equidad en lugar de restarlos a culatazos, a huelgas de hambre como último recurso, a la infame tortura de la sed.
Enrique Patterson es Representante especial en el exterior del Partido Arco Progresista (Parp).
¿BAILARà OBAMA LA MÚSICA DE LOS CASTRO?
Ya Zapatero ha comenzado a bailar
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 La confrontación ha sido el baile que han danzado los gobiernos de Estados Unidos, al son de la música que Fidel Castro les ha puesto. A quien más ha beneficiado esta actitud pertinaz de los gobiernos norteamericanos durante 50 años ha sido al régimen cubano.
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Se me ha ocurrido una metáfora, quizás vulgar, pero que ejemplifica la relación de Estados Unidos con Cuba en esta situación: Es el caso de un marido cuya mujer le quiere ser conquistada por un rival. ¿Qué es lo que más le conviene a ese marido? ¿Tener al rival de amigo o de enemigo? Pues de sobra se sabe. Mientras más lejos lo ponga de su patio mejor, porque de lo contrario le quita la mujer.
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En la aplicación de la metáfora, el marido es Fidel Castro; la mujer, el régimen de gobierno dictatorial que impuso a Cuba y el rival es el sistema democrático de Estados Unidos con sus ideales de libertad, de derechos humanos y lo más peligroso de todo (para los Castro): con su dinero y su sistema de libre empresa.
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Desde el principio el astuto Castro se dio cuenta del peligro para el régimen dictatorial que pretendÃa establecer y puso al rival fuera del patio. Siguiendo sus instrucciones, es lo mismo que ha querido hacer Chávez. Cuando algunos comentaristas tildan al presidente venezolano de maniático por su verborrea e insultos contra Estados Unidos, yo me sonrÃo. Ni está loco, ni es un estúpido, él, como los Castro, quiere convertirse en un dictador en Venezuela y los norteamericanos en su patio, le resultan un muy molesto estorbo, y por eso necesita sacarlos de la “república bolivariana”. Suerte que este gobierno no le ha hecho el juego, como sà se lo han hecho todos los gobiernos de aquà a los Castro.
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A dos instituciones querÃa Castro desde el principio ponerle las orejeras de los caballos carretoneros: al partido y al ejército; y los norteamericanos en el patio eran un enemigo muy peligroso para tal falsificación. El rival le respondió magistralmente a sus intenciones, y le respondió con lo más estúpido, pero al mismo tiempo, lo más deseado por el dictador: el embargo económico, el distanciamiento y la enemistad permanente.
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Mientras por un lado Castro ha chillado en todos los foros internacionales (principalmente en la ONU) que le quiten el embargo, por el otro ha hecho malabarismos para que se lo mantengan. Siempre que hubo algún gobierno en este paÃs que quiso aflojar o suspender el embargo económico y desistir de la confrontación, Castro hizo algo para que eso no se diera. Y prueba de ello es el éxodo masivo de delincuentes por el Mariel contra Carter y el derribo de dos avionetas de Hermanos al Rescate contra el gobierno de Clinton. En el caso particular de este último, cuando en Cuba se sabÃa que el presidente norteamericano tenÃa la buena voluntad y la intención de emprender la probable suspensión de la Torricelli, los Castro dieron la orden del derribo de las avionetas para que Clinton firmara la Helms Burton. Siguiendo los deseos de Castro, asà mismo lo hizo Clinton.
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Si de algo debe sentirse feliz y satisfecho el dictador en su lecho de muerte, es el de llevarse a la tumba la gloria de haber hecho bailar al son de su música a los gobiernos norteamericanos durante toda su dictadura. Y ¿por qué no?, también a buena parte del exilio cubano.
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Algo supo Castro desde el principio y se ha demostrado durante casi medio siglo: el embargo y la confrontación con Estados Unidos, lejos de debilitarlo ha sido su fortaleza y su carta de triunfo. Ante todo, por lo que ya dije, y después, porque le ha ayudado para engañar al pueblo cubano, haciéndole creer que los males que padece son por culpa del “criminal bloqueo norteamericanoâ€. MuchÃsima gente se lo cree dentro de Cuba, principalmente los del partido y el ejército, la base de su poder.
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Hace un tiempo atrás oà por Internet en el programa “A Mano Limpia†del canal 41 de Miami, la idea de que los Castro se quedaron sin discurso para responderle a Obama, puesto que éste les habÃa tendido la mano de la amistad y la no confrontación.
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Desde que el nuevo presidente de Estados Unidos subió al poder con su polÃtica de la mano extendida y la buena voluntad con el gobierno castrista, he estado esperando la mordedura de los Castro a esa mano. Es probable que el asesinato calculado y premeditado de Orlando Zapata Tamayo sea una respuesta de los Castro a Obama. ¿Qué hará el presidente de Estados Unidos? ¿Hará como los otros presidentes norteamericanos, bailar al son de la música castrista? ¿O él y sus asesores estarán preparados para continuar con su programa de buena voluntad y de la mano extendida, aun cuando los Castro se la muerdan? Eso estará por verse. Por ahora, sólo deberÃamos reflexionar sobre esta probabilidad.
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De todas maneras, a los disidentes y presos polÃticos cubanos les pedirÃa de favor que desistan de la huelga de hambre, porque le están sirviendo en bandeja de plata a los Castro el motivo de confrontación que ellos necesitan en estos momentos para que tanto el gobierno español (que ya lo ha hecho) como el gobierno de Obama, rompan hostilidades contra ellos (los Castro). Ellos necesitan relaciones hostiles con todos los gobiernos que les exijan respeto a los derechos humanos o libertades polÃticas, porque en su filosofÃa esos gobiernos no son amigos sino enemigos. De esa hostilidad han vivido durante estos 50 años. Repito, por eso derribaron dos avionetas de Hermanos al Rescate en esta misma fecha hace 14 años, porque necesitaban en ese momento que Clinton desistiera de la intención de buenas relaciones. Ahora mataron a Zapata Tamayo para que España rompiera con ellos. Y dejarán morir o matarán si es necesario a decenas de presos polÃticos y disidentes para que Obama haga lo mismo. El pensamiento y las estrategias de Fidel Castro son diabólicamente macabras y retorcidas, y todavÃa no las entienden bien los analistas y los polÃticos.