La historia de nuestra Patria sin duda ha estado marcada por la cercanÃa a la Nación Norteamericana, ese trauma de las 90 millas, como suele llamársele, ha condicionado nuestra historia y la ha convertido en una historia de los proyectos frustrados. Se frustró la naciente república, se frustró la república posterior a la revolución del 33 y en el curso del proceso revolucionario de los 50 naufragó la Unidad de la Nación Cubana definitivamente. Pero nuestra irresponsabilidad personal y colectiva ha sido el factor determinante. No el pueblo norteamericano.
Las sociedades humanas obedecen a las leyes de la Naturaleza viva, y estas leyes dicen: cuando una criatura está en etapa inicial de crecimiento, es frágil, necesita cuidados y tiempo para consolidarse y llegar a ser un Ser que perdure, que sea autónomo, y por último independiente y autosubsistente. Cuba parece ser hoy más bien una Nación Inconclusa, aún por hacerse. El duro golpe causado por una diáspora 15% de la población es difÃcil de reparar.
La dificultad mayor no está sin embargo en el enorme número de cubanos que nunca regresarán, sino en la crisis nacional creada por el odio y las luchas intestinas, la intolerancia al otro, la irresponsabilidad individual y colectiva, la ausencia de libertades y el clima propicio que haga posible la participación ciudadana en la vida económica, polÃtica y social. Aunque la Patria sea de todos, somos una nación de unos pocos. ¡Estamos divididos!
Por otro lado la Patria está necesitada, la crisis alcanza todos los órdenes no sólo el económico sino el moral. No sólo está afectada la moralidad en el sentido de lo bueno y lo malo sino en una serie de valores éticos, como la pérdida del valor de la familia y otros que tocan a la conciencia del pueblo y a su sufrimiento existencial que son los más importantes. Los valores de la relación entre personas, de la apertura hacia el otro, del que es diferente y está más allá de mà o de la manera de pensar propia mÃa.
Hay algo que hemos olvidado los cubanos. Este algo es la PolÃtica. La entregamos, y se la dimos a una sola persona que es la que piensa por todos.
La polÃtica se convirtió en el arma de otros para mantener el poder y manipularme y enyugarme, asà de fácil; asà de trágico. O reinventamos la polÃtica como dice Cuesta Morua o no seremos capaces de re-inventar la ética. Y ésta es importante que la re-inventemos.
¿Cuándo lo lograremos? El dÃa en que nuestra ética polÃtica de prioridad a la ética social y personal. Al haber sido tan pasivos que permitimos al régimen eliminar al OTRO de nuestras vidas, al haber permitido que al otro se le dañara y se le escamotearan los derechos, al perder la sensibilidad ante el sufrimiento ajeno, al dar paso al odio nacional en aras de una supuesta búsqueda del bien social, eliminamos esta misma justicia social desde sus orÃgenes, creando y dando paso a una mayor injusticia. La polÃtica de la exclusión de OTROS sigue siendo el eje de nuestro defectuoso andar nacional.
No es que la polÃtica no sirva, es que al ceder el derecho a hacer polÃtica, nosotros somos los que no servimos. Nos eliminamos como ciudadanos y llegamos a desvalorarla dentro de nosotros. Asà en Cuba entregamos al estado el monopolio de la polÃtica y de las ideas, con el subsiguiente deterioro y casi eliminación de la sociedad civil. Nos arrasó la ideologización extrema que nos hace a todos, no esperar nada o más bien temer a los polÃticos y a la polÃtica. ¿Seremos capaces de re-inventarla? Ahà está el reto y la solución a un serio problema nacional.
Vivimos a escala nacional en la inmediatez, en la actitud de resolver a toda costa, tenemos la moral del sobreviviente, que crea una contra-ética o no-ética deformante sobre todo en los que todavÃa no han formado el carácter, que son los más jóvenes. Moral llena de vacÃos que será origen de muchos males del futuro.
Toda propuesta de análisis y solución de la crisis nacional ha de ir necesariamente a la detección de los problemas de base, nuestro carácter ha cambiado y con ello la conciencia. En el tejido y el alma nacional no sólo hay que curar heridas sino también sembrar la simiente que haga resurgir una nueva conciencia. No queremos una nueva Cuba, sino ver la transformación de la que ya existe.
Alcanzar una forma de convivencia nacional libre que supere las hondas divisiones del presente es tarea ardua y tiene que estar cimentada en nuestras virtudes, pero además en el reconocimiento de nuestros males y en un total cambio de mentalidad individual y colectiva.
En Cuba no se puede hablar de ausencia de sociedad civil. En realidad existe una sociedad civil oficial manipulada por el Estado y otra independiente, en ciernes, de la que no se puede esperar mucho protagonismo, pero que cada vez va siendo más influyente en la realidad nacional.
Ante la pobreza de la sociedad civil algunos, en la Isla, temen que nazcan partidos polÃticos porque estos se van a convertir en partidocracia, reflejo de la realidad de ser gobernados por un partido único probablemente, cuando por el contrario esos mismos partidos podrÃan ser fuente de liberalización ellos mismos y de apoyo a las organizaciones no gubernamentales, a la vez que alternativa de la partidocracia actual y por tanto impulsadores de la sociedad civil en Cuba.
Digo todo esto en referencia al vacÃo de sociedad civil porque uno de los más importantes cambios de mentalidad a lograr es que nuestro pueblo descarte la idea extendida de que cambiando lo que hay que cambiar, habrán de perderlo todo. Más bien yo dirÃa que “ya no hay nada que perder” como no sea la integridad territorial, la soberanÃa, o la Patria misma que estamos corriendo el riesgo de perder si la inconsciencia y el inmovilismo gubernamental llevan las cosas hasta el extremo en su ansia de permanecer en el poder a toda costa.
Nuestras exclusiones.
No hay que temer los cambios que son imperativos. La limitación y el freno que puede haber para el desarrollo de toda la sociedad cubana no sólo está en que el gobierno excluya a ciertos cubanos de adentro, sino que está también en que los cubanos de adentro no acepten a los compatriotas que afuera piensan distinto y tienen el mismo derecho a decidir en las cuestiones cubanas. Peor serÃa establecer que los cubanos de adentro tengan más derechos que los expatriados, omitiendo el que fueron perseguidos, despojados, denigrados y que aunque no hayan padecido el tiempo completo de la tiranÃa, no por ello tuvieron menos sufrimientos al ver la destrucción sistemática del paÃs.
Creerse los únicos agredidos por el aparato de poder en Cuba porque allá viven, es un Ãndice de ignorancia histórica y de crisis en el significado de lo que es la Nación, pues desconocen la integridad y diversidad de la Patria” con todos y para el bien de todos”. Esta doctrina excluyente serÃa en realidad el epitafio de la nación porque renuncia a su historia. Se harÃa evidente la doble moral del que lucha por su presente omitiendo el pasado, que es en definitiva donde están las raÃces del presente. No puede haber dudas de que nuestros esfuerzos deben ser comunes para el objetivo de una Patria que nos cobije a todos por igual.
Para favorecer este cambio de mentalidad en el futuro, sin el cual jamás habrá reconciliación, hay que crear bases legales que protejan los derechos de todos y organismos apropiados que fomenten la reinserción de los marginados ideológicos y de los exiliados polÃticos.
El proyecto revolucionario impuso una dinámica que no se tuvo la oportunidad de discutir, y en que se garantizaba lo básico pero se exigÃa en cambio una adhesión absoluta y la renuncia a toda crÃtica. DirÃase que la persona humana estaba hipotecada para su supervivencia. Y de ahà el sentimiento de miedo al vacÃo y de freno al cambio, porque un cambio del Estado implica crisis total de inserción en la sociedad. Y la gente se pregunta : ¿Qué vendrá después?. Se siente la amenaza implÃcita en la idea de que cambiar es igual a morir. Las muy deterioradas “conquistas” obtenidas de la revolución, a costa de la libertad y los derechos individuales, son algo concreto que se teme perder. El miedo psicológico impide la madurez de comprender y aceptar el cambio. Y esto no es sólo del momento actual, sino que también lo será en el futuro. Para el futuro se verán frenados la confianza en el Estado y en los polÃticos, y las expectativas se mantendrán desmesuradas e irreales.
Los manipuladores totalitarios que crearon la dependencia absoluta han creado un ciudadano que lo espera todo del estado porque ha tenido que entregarle todo al mismo. Para ello el régimen comenzó prometiendo el bienestar futuro mediante un periodo de sacrificios. Estos han sido la norma diaria de la vida del cubano por cuarenta y ocho años y nunca se ha disfrutado del bienestar prometido. La dependencia de Cuba del antiguo bloque de paÃses de la Europa del Este creó un gobierno que no pensaba que tenÃa que crear bienes y servicios sino sólo polÃticas y un “hombre nuevo” a la medida exacta para el designio totalitario. Se reformularon conceptos y hasta la historia de la Nación para que no estorbaran el discurso revolucionario. Y la sociedad adquirió una caracterÃstica que Enrique Patterson describe en su ensayo sobre el apartheid en Cuba, al decir que se implanto: ” un tipo peculiar de igualdad, la igualdad sin libertad”, o sea una forma moderna de esclavitud.
Todo esto ha llevado a la sociedad cubana a una situación de compresión social increÃble, y por ello a peligros de magnitud impredecible.
Las frustraciones de necesidades básicas siempre engendran hostilidad y ésta es siempre mala consejera, y el rechazo explÃcito o enmascarado al régimen actual de la Isla, no sólo tiene capacidad explosiva, sino que además tendrá consecuencias para el futuro y la reconstrucción.
Este rechazo al poder puede conducir a la liberación, pero también al caos futuro si es que no surge un proyecto realista y coherente que permita la convivencia y supere las hondas divisiones y tensiones del presente, y que debe estar fundado en el respeto a la persona humana, la vigencia de los derechos individuales y sociales y sobre todo la participación más equitativa posible en las decisiones, beneficios y cargas del futuro. En fin sin un espÃritu de convivencia no podrá haber desarrollo nacional ni paz social.
Las irresponsabilidades que hayamos podido tener en nuestra historia ahora se complican más aún con nuestras dependencias polÃticas y sociales.
Si aceptamos que la nación cubana está enferma, pienso que ya empezamos a buscar la solución. Comenzará a verse con nitidez y sin amnesias como fue que se desarrolló esta enfermedad social. Veremos probablemente que aun antes de la Revolución ya tenÃamos todos los sÃntomas, muchos de ellos reflejados en el carácter nacional. El primero y más odioso de todos, nuestra tendencia a perpetuar la violencia. Todas estas violaciones contra la vida, la propiedad, las leyes, la nación, la persona, el negro, los prisioneros, la espiritualidad, la familia, la mujer y la conciencia han formado parte de numerosas lagunas éticas que llevamos dentro y que con el tiempo se han agravado.
Si no tenÃamos una ética pública y privada adecuada, ¿cómo asombrarnos del asalto al Poder Ético que hicieron con tanta facilidad los que manipularon la República antes y en estos últimos tiempos? Tenemos que aceptar la existencia de esta tragedia. La aceptación de responsabilidad, si uno es o fue el agresor y los sentimientos dolorosos pero reales de fracaso y frustración si uno fue de las vÃctimas, es el primer paso en el camino.
Tenemos que hacer una reconceptualización de la Persona que somos y partiendo de ella:
Es imperativo que re-pensemos Nuestros Derechos Humanos. Diciéndonos: El Derecho al desarrollo social no es absoluto, no da derechos a suspender los derechos.
El derecho a las libertades si es absoluto. Si se suspenden las libertades públicas, el Estado de Derecho desaparece.
En un clima de libertades y respeto es posible pero no mandatorio alcanzar el desarrollo de los derechos. En relación con los derechos y la satisfacción de ellos, distinguir entre mitos y realidades es lo básico.
Es imperativo redefinir los conceptos de Revolución y Evolución.
Desde que en Cuba se dijo ” Dentro de la Revolución, todo; fuera de la Revolución, nada”. La Revolución se puso fuera de la Ley. Con esto dejo de existir. Es deber de la Nación cubana comenzar un proceso evolutivo para volver a sus raÃces dentro de la Ley. Un paÃs no puede estar fuera de la Ley.
Si decimos que la Nación cubana puede ser más de una o que está dividida es porque vemos con que facilidad se ha demonizado a una parte considerable de ella. Hay un extraordinario poder divisorio en esta tendencia a aceptar, o permitir que se nos divida en bandos.
El camino para la Reconciliación Nacional requiere:
La no aceptación de exclusiones.
Enmendar los errores.
Mirar hacia la justicia y no hacia los arboles de la horca.
La toma de responsabilidad personal y colectiva.
Reganar la independencia
Reparar el carácter nacional.
Luchar contra nuestros miedos
Sembrar la semilla de la Esperanza.
Desactivar los Instrumentos de Terror.
Ante la Transición que se avecina:
Recomendamos interrumpir el ciclo de la violencia, recuperar la Memoria Histórica, establecer la Reconciliación Nacional como la primera de las metas. Hay que documentar los hechos de nuestra historia; denunciarlos.
La Reconstrucción de la Nación debe ser: Plurifactorial en vez de Unificada. Unida en lugar de dividida. Tolerante, no intolerante. Independiente, no dependiente. Responsable, no eludiendo responsabilidades. Inclusiva no excluyente. Libre, no manipulada. Segura de sà misma, no aterrorizada.
Aquà les envÃo copia de mi opinión sobre el artÃculo del sr. Patterson aparecido hoy, viernes, en El Nuevo Herald.
”
“Mi reconocimiento al sr. Patterson por su artÃculo sobre el asesinato de Orlando Zapata Tamayo, un ejemplo de firmeza y valentÃa.
Pero hay algo que quisiera señalarle: yo vivà el Maleconazo, nadie me lo contó. Al salir de mi trabajo en Radio Rebelde tuve que bajar a pie por todo San Lázaro en medio de la multitud y el caos, hasta llegar al antiguo Palacio Presidencial. Fui testigo presencial.
No es cierto que en el “maleconazo” la mayorÃa de los participantes eran negros y mestizos. Blancos, negros y mestizos salieron a las calles en aquella protesta, la de mayor dimensión y mayor repercusión desde 1959. Hacer esa afirmación es desconocer la realidad y ejercer una forma solapada de racismo contra los blancos que participaron por igual en los sucesos.
Por otra parte, manipular la realidad, en este artÃculo, es no mencionar por igual que el contingente Blas Roca CalderÃo, que tuvo a su cargo inicialmente la represión en esa jornada, estaba formado en el 90 por ciento de negros y mestizos. Llegaban al Malecón en camiones, armados con unos tubos de goma rellenos de fragmentos de acero, taponeados por ambos extremos. Yo vi a dos de esos ejemplares golpear con esos tubos a una mujer (blanca, por cierto) que gritó “abajo Fidel” en una esquina del parque Maceo. La dejaron inconsciente en el piso.
No pretendo iniciar una polémica con nadie sobre la la cuestión racial en Cuba. Pero estoy segura de que si Zapata Tamayo hubiese sido blanco, lo habrÃan asesinado igual.
Y ruego a quienes deciden lo que se publica o no en esta sección, que si este email no lo incluyen, se lo hagan llegar al sr. Patterson.
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Saludos,
Â
Perla Marina Alcober.