Por Juan Antonio Muller
El golpe lanzado por Uribe a Chávez ha sido sin duda una estocada magistral. Aguantó pacientemente insultos, improperios y majaderÃas del mandatario venezolano y a la hora de pasarle factura, lo llevó como vulgar infractor al banquillo del Consejo Permanente de la OEA. Primera vez en la historia patria que sufrimos tal vejación.
Uribe venció de manera limpia los intentos de Chávez y su marioneta ecuatoriana de impedir la reunión que lo señalarÃa como transgresor de la soberanÃa colombiana ante los pueblos americanos y del resto del mundo.
Uribe presentó de manera sistemática e irrefutable, testimonios sobre la presencia de importantes lÃderes de la FARC en nuestro territorio, aparentemente con el beneplácito de las autoridades venezolanas, incluyendo al presidente de la república.
Uribe deja la presidencia de Colombia con la frente en alto, ha derrotado a la narcoguerrilla en todos los frentes. Ha devuelto al paÃs la seguridad frente a los crÃmenes atroces, los sobornos y secuestros a los cuales estos grupos desalmados lo tenÃan sometido.
Uribe se va con una popularidad que duplica con creces la de nuestro presidente y con una hoja de aciertos nada despreciable que incluye la reducción de los secuestros: de miles al año a tan sólo cien; una disminución del 40% en la producción y comercialización de la cocaÃna y la desaparición del tráfico de heroÃna en el hermano paÃs. Hoy, como se planteaba en la reunión de la OEA, la Colombia de Uribe ha pasado a ser bastante más segura que la Venezuela de Chávez.
Nuestras autoridades comenzando por el ejecutivo, seguido de sus colaboradores y representantes de otros poderes públicos quedaron muy mal parados, sin argumentos válidos ante las acusaciones del vecino presidente. Una lección que deben asimilar los que se creen dioses terrenales: la justicia tarda pero llega y entonces como casi siempre ocurre, regresan los llantos y las lágrimas.
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